06/01/2011
En un pasaje de la disertación, el ingeniero Miguel Ángel Álvarez expresó que una cucharadadita de té del herbicida tiene la misma toxicidad que una cucharada sopera de lavandina, que dos gramos de sal o que un comprimido de aspirina. “A nadie se le ocurriría prohibir el uso de la lavandina, de la sal de mesa o de las aspirinas” manifestó.
En otro párrafo indicó que para el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) el herbicida cumple con todas las normativas y está calificado por la OMS con el nivel IV de toxicidad (productos que normalmente no ofrecen peligro) y -en un gráfico- mostró cómo a lo largo de los últimos veinte años en la Argentina se fue reduciendo el uso de plagicidas peligrosos (grupos I y II) a tal punto que hoy el 80% de los productos que se aplican son de toxicidad baja.
Otro concepto fuerte que dejó el ingeniero Álvarez tiene que ver con la idea que algunos sostienen de hacer una producción totalmente orgánica, es decir, cultivar sin la aplicación de ningún tipo de plagicidas. “si hiciéramos esto, la acción de insectos y malezas haría caer los rindes en un cuarenta por ciento” aseguró.
También el disertante de Aapresid comentó el conocido “caso Carrasco” que originó no pocas controversias en el ámbito científico. Recordó que en abril de 2009, se dieron a conocer los resultados de un trabajo llevado adelante por un investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET) llamado Andrés Carrasco. En las conclusiones se dice que el glifosato produjo malformaciones neuronales, intestinales y cardíacas en los embriones de renacuajos utilizados para el experimento a los cuales se les inyectó el producto. “esta investigación ha sido fuertemente cuestionada por su metodología ya que el glifosato no es inyestable” dijo Álvarez y ejemplificó: “quizá, si a los renacuajos les inyectaban lavandina también hubieran sufrido malformaciones”.
Los argumentos expuestos por Aapresid, avalados en estudios realizados por organismos estatales nacionales e internacionales y por otras organizaciones dedicadas al seguimiento de este asunto, suenan sólidos. También hay “la otra mitad de la biblioteca” que muestran sus detractores. Más allá de este debate que está resolviendo la ciencia, la otra idea que dejó este interesante encuentro organizado por la Socidad Rural de Chacabuco es que, con glifosato o sin él, hay que pensar en producir alimento para los nueve mil millones (u once mil millones según quien hace las cuentas) de humanos que habitaremos el planeta “azul” hacia el año 2050.
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Fuente: Mundocampo